02/02/2026
Uno de los grandes desafíos que enfrenta el Estado mexicano en materia laboral es la generación de suficientes puestos de trabajo para satisfacer la demanda nacional. Sin embargo, el reto no se limita a la cantidad, sino a la calidad: es indispensable que estos empleos cumplan con el requisito fundamental de ser dignos o decentes. En los últimos años, los esfuerzos para crear trabajos con esta calidad, que aseguren a las familias mexicanas un ingreso que cubra sus necesidades básicas, condiciones de libertad, seguridad y no discriminación, y que respeten la dignidad humana, han sido insuficientes. Esta situación empuja a millones a la economía informal, profundizando la desigualdad y la pobreza en el país.

La búsqueda de un trabajo decente es una aspiración fundamental para cualquier persona. No se trata solo de tener un empleo que genere ingresos, sino de uno que permita al individuo desarrollarse plenamente, ejercer sus derechos y contribuir de manera productiva a la sociedad. En un contexto como el de México, donde la informalidad y las condiciones laborales precarias son realidades para una parte significativa de la población, comprender qué implica el trabajo decente y cómo avanzar hacia su consecución es de vital importancia.
¿Qué es el Trabajo Decente o Digno?
Para comprender a fondo el concepto de trabajo decente, es crucial primero abordar la noción de dignidad humana. Esta es considerada el origen, la esencia y el fin de todos los derechos humanos, según la interpretación de tribunales mexicanos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 ya la mencionaba como base de la libertad, justicia y paz mundial. En esencia, la dignidad distingue al ser humano de otros seres vivos, estableciéndolo como un fin en sí mismo, nunca como un mero instrumento.
Aplicada al ámbito laboral, la dignidad implica que los trabajadores no deben ser tratados como objetos o medios para fines ajenos. Su valor intrínseco como personas debe ser respetado en todo momento. Complementando esto, el término "decencia" en el contexto laboral, aunque de uso más reciente, se refiere a la honestidad, dignidad y calidad que debe caracterizar a cualquier empleo, siempre en beneficio del trabajador.
La Ley Federal del Trabajo de México, en su artículo 2, ofrece una definición clara y completa de trabajo decente o digno. Lo describe como aquel en el que se respeta plenamente la dignidad humana del trabajador, libre de discriminación por cualquier motivo (origen étnico, género, edad, discapacidad, etc.). Incluye el acceso a la seguridad social, la percepción de un salario remunerador, capacitación continua para el incremento de la productividad con beneficios compartidos, y condiciones óptimas de seguridad e higiene para prevenir riesgos.
Además, la legislación mexicana subraya que el trabajo digno también abarca el respeto irrestricto a los derechos colectivos, como la libertad de asociación, autonomía, el derecho de huelga y la negociación colectiva. Estos elementos son fundamentales para el diálogo social necesario en el ámbito laboral.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) resume el trabajo decente como una de las aspiraciones más importantes de los trabajadores a nivel mundial: contar con un empleo productivo, justamente remunerado y en condiciones de libertad, equidad, seguridad y respeto a la dignidad humana. Es un objetivo que orienta las estrategias y acciones de organizaciones a nivel global y local.
Elementos Clave del Trabajo Decente
Según diversos expertos y organizaciones como la OIT, el concepto de trabajo decente engloba una serie de derechos y condiciones fundamentales que deben garantizarse. Malva Espinosa, por ejemplo, identifica los siguientes elementos esenciales que componen esta visión integral del trabajo:
- Empleos de calidad y en cantidad suficiente: No solo se trata de tener un puesto, sino que este sea productivo, útil para la sociedad y que haya suficientes oportunidades disponibles para la población activa.
- Ingresos adecuados: El salario debe ser justo, suficiente y remunerador, capaz de cubrir las necesidades básicas y permitir un nivel de vida digno para el trabajador y su familia, incluyendo la capacidad de ahorro y acceso a bienes y servicios.
- Seguridad en el empleo: Implica estabilidad laboral, protección contra despidos arbitrarios e injustificados, y marcos legales que den certidumbre tanto a empleadores como a empleados.
- Formación profesional continua y pertinente a la empleabilidad: Oportunidades para que los trabajadores adquieran nuevas habilidades, mejoren las existentes y se adapten a los cambios tecnológicos y del mercado laboral, aumentando así su valor y seguridad en el empleo.
- Respeto a los derechos de los trabajadores: Cumplimiento estricto de la legislación laboral nacional e internacional, incluyendo derechos individuales y colectivos.
- Fortalecimiento sindical y negociación colectiva: Derecho fundamental de los trabajadores a asociarse libremente, formar sindicatos y negociar colectivamente sus condiciones de trabajo con los empleadores.
- Participación de los trabajadores en las decisiones de política económica y social: Incluir la voz de los trabajadores, a través de sus representantes, en la formulación de políticas públicas que impactan directamente en el mundo del trabajo.
- Diálogo social y tripartismo: Fomentar la comunicación, consulta y negociación entre gobiernos, empleadores y organizaciones de trabajadores para abordar los desafíos laborales y económicos.
- Protección social en el empleo y en la sociedad: Acceso garantizado a la seguridad social, incluyendo servicios de salud, protección contra accidentes y enfermedades profesionales, prestaciones por desempleo, maternidad y pensiones para la vejez.
- Condiciones de libertad: Estar libre de cualquier forma de trabajo forzoso, esclavitud o trata de personas. El trabajo debe ser voluntario y elegido libremente.
- Equidad para todos los miembros de la sociedad: Ausencia de discriminación en el acceso al empleo, la remuneración, la promoción y las condiciones de trabajo, basada en género, origen étnico, edad, discapacidad, orientación sexual, religión o cualquier otra condición.
- Dignidad: El respeto fundamental a la persona del trabajador en todas las facetas de su empleo, reconociendo su valor intrínseco como ser humano.
Estos doce puntos demuestran que el trabajo decente es un concepto amplio que abarca no solo aspectos económicos, sino también sociales, legales y de respeto a los derechos humanos.
Origen del Concepto de Trabajo Digno o Decente
El término "trabajo decente" es relativamente reciente en el discurso global, aunque los principios que lo sustentan son mucho más antiguos. Fue acuñado formalmente por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), una entidad fundada en 1919 con la misión de establecer la paz y la estabilidad laboral a través de la justicia social. La OIT surgió en un contexto posguerra, donde la pobreza y la miseria de los trabajadores eran palpables, buscando ser una garantía social a nivel internacional.
En 1999, el entonces director general de la OIT, Juan Somavia, presentó el proyecto "Trabajo Decente" durante la Conferencia Internacional del Trabajo. Este momento marcó la primera vez que el concepto fue articulado de manera integral, consolidando una visión de lo que debería ser el trabajo en un mundo que buscaba superar los conflictos y la pobreza. Desde entonces, el concepto ha sido desarrollado y plasmado en diversos convenios y declaraciones internacionales, sirviendo de guía para políticas laborales en todo el mundo y reafirmando los valores que la OIT ha defendido a lo largo de su historia.
Objetivos Estratégicos para Lograr el Trabajo Decente
La Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa (2008) traza cuatro objetivos estratégicos interconectados que son fundamentales para hacer realidad el trabajo decente en cualquier país. Estos objetivos requieren la colaboración activa y comprometida de gobiernos, empleadores y trabajadores.

1. Promoción de Oportunidades de Empleo
Este objetivo se centra en la creación de un entorno institucional y económico que fomente la generación de empleos productivos y sostenibles. Implica que las personas tengan acceso a la formación necesaria para adquirir y actualizar sus habilidades, que las empresas (públicas y privadas) sean viables para generar crecimiento y oportunidades, y que la sociedad en su conjunto avance hacia el desarrollo económico y social con un buen nivel de vida. Se busca que el crecimiento económico se traduzca en la creación de puestos de trabajo de calidad.
En México, este objetivo enfrenta retos significativos. Las estadísticas de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de periodos pasados han mostrado millones de personas en situación de subocupación (trabajadores que manifiestan necesidad y disponibilidad de trabajar más horas) o desempleo abierto, lo que empuja a gran parte de la población a la economía informal. Esta informalidad, que afectaba a más del 57% de la población ocupada según datos de 2017, carece en su mayoría de las condiciones básicas de un trabajo decente, incluyendo ingresos suficientes, acceso a seguridad social, capacitación y condiciones seguras. La falta de empleos formales suficientes y de calidad obliga a muchas personas a aceptar trabajos precarios para poder subsistir.
El Estado tiene la tarea de facilitar la actividad productiva para que se generen más y mejores empleos, pero también de asegurar que estos cumplan con los estándares de decencia y dignidad. Esto implica políticas de fomento a la inversión, apoyo a las pequeñas y medianas empresas y programas de capacitación alineados con las necesidades del mercado.
Un pilar fundamental del trabajo decente es garantizar la protección social para todos los trabajadores y sus familias. Este objetivo implica adoptar y ampliar medidas que aseguren una cobertura amplia y sostenible de la seguridad social, incluyendo el acceso a servicios de salud, pensiones y protección contra riesgos laborales. También abarca la garantía de condiciones de trabajo saludables y seguras, así como salarios y otras condiciones laborales (como horas de trabajo) que aseguren una justa distribución de los beneficios del progreso y un salario remunerador que permita un nivel de vida digno para todos los que tienen un empleo y necesitan esta protección.
En México, la extensión de la protección social se ve gravemente afectada por la alta tasa de informalidad. Millones de trabajadores informales carecen de acceso a servicios de salud y sistemas de pensiones, lo que genera una gran vulnerabilidad ante la enfermedad, el desempleo, la vejez o los accidentes de trabajo. El sistema de seguridad social formal, a pesar de ser un logro histórico, también enfrenta problemas crónicos como la falta de financiamiento suficiente para cubrir a toda la población potencialmente asegurada, la limitación de los fondos de pensiones frente a las demandas futuras, la falta de uniformidad en las prestaciones entre distintos regímenes y una infraestructura a menudo deficiente que impacta la calidad del servicio.
Las condiciones de seguridad e higiene son otro desafío persistente. A pesar de las prohibiciones constitucionales contra labores insalubres o peligrosas, muchos trabajadores en sectores como la minería (especialmente en las regiones carboníferas), la agricultura, la pesca, la construcción o la recolección de basura operan en entornos de alto riesgo que atentan contra su integridad física y salud, y por ende, contra su dignidad. La falta de inspección laboral efectiva y el incumplimiento normativo contribuyen a esta situación.
El tema del salario remunerador es particularmente crítico en México. El texto original señala que el salario mínimo en México ha sido históricamente uno de los más bajos entre los países de la OCDE y de América Latina. Un salario insuficiente limita severamente la capacidad de los trabajadores para cubrir sus necesidades básicas y las de sus familias, contraviniendo lo establecido en la propia Constitución mexicana, que exige salarios mínimos que satisfagan las necesidades materiales, sociales y culturales de un jefe de familia y permitan la educación obligatoria de los hijos. Aunque ha habido incrementos recientes, superar el rezago histórico y asegurar un salario verdaderamente digno sigue siendo un reto.
Comparativa de Salario Mínimo (Ejemplo basado en datos históricos del texto)
Para ilustrar la situación salarial, consideremos una comparación basada en datos mencionados en el texto (aunque los valores exactos pueden variar con el tiempo, la tendencia de México rezagado es un punto clave que afecta la calidad de vida de los trabajadores):
| País | Salario Mínimo (aproximado en USD, dato histórico) |
|---|---|
| Argentina | 476 |
| Uruguay | 373 |
| Chile | 346 |
| Colombia | 307 |
| Brasil | 306 |
| Perú | 268 |
| México | 152 |
Esta tabla, basada en datos históricos proporcionados, evidencia la precarización del salario en México, que si bien puede atraer inversión extranjera por mano de obra barata, lo hace a costa del empobrecimiento y la afectación a la dignidad de la clase trabajadora. Un salario remunerador es un componente indispensable del trabajo decente.
El diálogo social es un método esencial para construir consenso y cooperación en el ámbito laboral. Implica la comunicación, consulta y negociación entre los principales actores: gobiernos (como reguladores y empleadores), empleadores (a través de sus organizaciones) y trabajadores (a través de sus sindicatos y representantes). Su promoción busca adaptar las políticas laborales a las necesidades específicas y circunstancias de cada país, traducir el desarrollo económico en progreso social y viceversa, facilitar acuerdos sobre políticas nacionales e internacionales que afectan el empleo y el trabajo decente, y fomentar la eficacia de la legislación e instituciones laborales, incluyendo el reconocimiento de la relación de trabajo, las buenas relaciones laborales y sistemas de inspección efectivos.
Para México, la promoción efectiva del diálogo social requiere un cambio cultural importante. Históricamente, la toma de decisiones en materia laboral ha sido a menudo centralizada, con menor participación real y efectiva de las fuerzas laborales y patronales en la definición de políticas cruciales. Lograr un trabajo decente exige una cultura laboral más plural, transparente e incluyente, donde la concertación y los acuerdos tripartitos (entre gobierno, empleadores y trabajadores) sean la norma, permitiendo que las voces y perspectivas de quienes viven la realidad laboral diaria influyan en las políticas que les afectan. La concertación puede ser una herramienta poderosa para enfrentar los retos de un mundo laboral en constante cambio.

4. Respeto, Promoción y Aplicación de los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo
Este objetivo es quizás el más crucial, ya que constituye la base sobre la cual se construyen los demás. Se centra en garantizar el respeto y cumplimiento de los derechos laborales universalmente reconocidos. La OIT identifica cuatro categorías principales de principios y derechos fundamentales, considerados pilares del trabajo decente:
- Libertad de asociación y libertad sindical, y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva.
- La eliminación del trabajo forzoso u obligatorio.
- La abolición efectiva del trabajo infantil.
- La eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación.
El cumplimiento de estos principios es indispensable para que exista un trabajo decente. La libertad sindical y la negociación colectiva, por ejemplo, son vitales para que los trabajadores puedan organizarse, defender sus derechos, mejorar sus condiciones laborales y participar en el diálogo social. La erradicación del trabajo forzoso e infantil protege a los grupos más vulnerables de la explotación. La no discriminación asegura que todas las personas, independientemente de sus características, tengan igualdad de oportunidades y trato en el mundo del trabajo.
En México, a pesar de que estos derechos están consagrados en la Constitución (particularmente en el artículo 123) y las leyes secundarias, su aplicación efectiva sigue siendo un desafío persistente. La "cultura de la ilegalidad" y el incumplimiento de las normas laborales por parte de algunos empleadores, junto con la falta de mecanismos de inspección y sanción suficientemente robustos, debilitan el Estado de derecho y dejan a los trabajadores en un estado de incertidumbre respecto a sus derechos. La falta de eficacia en la aplicación de la ley y la operación de las instituciones laborales es un obstáculo significativo para la plena realización del trabajo decente. Es fundamental que las autoridades garanticen el cumplimiento efectivo de estos principios.
La OIT enfatiza que la violación de estos principios no puede usarse bajo ninguna circunstancia como una ventaja comparativa ilegítima en el comercio internacional, y que las normas laborales no deberían utilizarse con fines comerciales proteccionistas. El respeto a estos derechos es un fin en sí mismo, una condición para la justicia social.
Es fundamental comprender que estos cuatro objetivos estratégicos están intrínsecamente ligados y se refuerzan mutuamente. El progreso en la promoción de oportunidades de empleo facilita la extensión de la seguridad social. Un diálogo social efectivo puede conducir a mejores políticas para la protección social y la promoción de derechos fundamentales. El respeto a los derechos fundamentales es la base para un diálogo social genuino y para condiciones laborales dignas. El estancamiento o retroceso en cualquiera de estos objetivos menoscaba el logro de los otros. Por lo tanto, la tarea de lograr el trabajo decente en México, y en cualquier parte, requiere un enfoque integral y sostenido que aborde todos estos frentes simultáneamente.
¿Cómo Lograr un Trabajo Decente?
Lograr un trabajo decente en México, como en muchos otros países, es una meta compleja que requiere acciones coordinadas y profundas por parte de todos los actores sociales: el Estado, los empleadores y los trabajadores. Basándonos en los desafíos identificados y los objetivos de la OIT, podemos delinear las áreas clave de intervención:
- Transformación Legislativa e Institucional: Es imprescindible que las leyes laborales no solo existan y sean acordes con los estándares internacionales, sino que se apliquen de manera efectiva y se hagan cumplir. Esto implica fortalecer las instituciones encargadas de la inspección laboral, la procuración e impartición de justicia laboral y la promoción de los derechos. Las reformas legales deben ir acompañadas de los recursos y capacidades institucionales necesarios para materializarse en una realidad palpable para los trabajadores.
- Fomento del Empleo Formal y Productivo: Se necesitan políticas económicas que incentiven la creación de empresas formales, sostenibles y productivas que generen empleos de calidad. Combatir la informalidad requiere ofrecer alternativas viables y atractivas, así como simplificar trámites y reducir barreras para la formalización, sin menoscabar los derechos laborales.
- Garantía de un Salario Justo: Es fundamental revisar y ajustar los salarios mínimos y contractuales para que cumplan con el mandato constitucional y los estándares internacionales de ser suficientes para una vida digna. Esto debe ir acompañado de políticas que promuevan la productividad con beneficios compartidos entre empleadores y trabajadores, y mecanismos de negociación colectiva que permitan salarios por encima del mínimo.
- Ampliación y Mejora de la Seguridad Social: La cobertura de la seguridad social debe extenderse a toda la población trabajadora, incluyendo a aquellos que actualmente están en la informalidad. Esto requiere soluciones de financiamiento sostenibles, la mejora continua de la calidad y la infraestructura de los servicios de salud y pensiones, y la adaptación a las nuevas realidades del mercado laboral.
- Asegurar Condiciones de Seguridad y Salud: Las autoridades laborales deben redoblar esfuerzos para inspeccionar y sancionar los incumplimientos en materia de seguridad e higiene laboral. Los empleadores tienen la responsabilidad legal y ética de proporcionar entornos de trabajo seguros y saludables, invirtiendo en prevención de riesgos. Los trabajadores, por su parte, deben ser capacitados en seguridad y cumplir con las normas establecidas.
- Fortalecimiento del Diálogo Social: Promover espacios genuinos y efectivos de concertación entre gobierno, empleadores y trabajadores es vital para construir consensos sobre las políticas laborales y económicas. Un diálogo social robusto, basado en el respeto mutuo y la buena fe, puede conducir a soluciones más justas, efectivas y aceptadas por todas las partes, facilitando la adaptación a los cambios y la resolución pacífica de conflictos.
- Educación y Concientización: Tanto trabajadores como empleadores y la sociedad en general necesitan estar informados sobre qué constituye un trabajo decente, cuáles son los derechos y responsabilidades asociados, y por qué es importante su promoción para el bienestar individual y colectivo. La educación sobre los derechos laborales, la dignidad humana en el trabajo y la importancia de la formalidad es un paso fundamental.
Lograr un trabajo decente no es solo un objetivo laboral, sino una condición indispensable para reducir la desigualdad, combatir la pobreza, fortalecer la cohesión social, impulsar el desarrollo económico sostenible y construir una sociedad más justa y equitativa donde la dignidad humana sea plenamente respetada. Es un camino que requiere el compromiso continuo de todos los actores involucrados y una visión de futuro centrada en el bienestar de las personas.
Preguntas Frecuentes sobre el Trabajo Decente
Aquí respondemos algunas dudas comunes sobre este importante tema, basándonos en la información presentada:
¿Qué se puede hacer para lograr un trabajo decente a nivel individual?
Como individuo, buscar un trabajo decente implica informarte activamente sobre tus derechos laborales básicos según la ley de tu país (en México, la Ley Federal del Trabajo). Busca empleos que cumplan con las condiciones esenciales: que ofrezcan un salario remunerador, acceso a la seguridad social, un contrato formal, condiciones de seguridad y higiene, y respeto a tu dignidad humana. Capacitarte continuamente mejora tus posibilidades de acceder a mejores empleos. Si enfrentas situaciones de trabajo precario o ilegal, infórmate sobre las instancias a las que puedes acudir (inspección del trabajo, procuraduría de la defensa del trabajo) para denunciar o buscar asesoría. Participar en sindicatos u organizaciones de trabajadores también puede ser un camino para defender y promover condiciones de trabajo decentes.
¿Cuáles son los elementos fundamentales del trabajo decente según la OIT?
Según la OIT, los principios y derechos fundamentales en el trabajo, que son una base del trabajo decente, se agrupan en cuatro categorías principales. Estos son considerados universales y deben respetarse independientemente de si un país ha ratificado o no los convenios específicos. Las categorías son: la libertad de asociación y libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva; la eliminación del trabajo forzoso u obligatorio; la abolición efectiva del trabajo infantil; y la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación.
¿Por qué es importante el trabajo decente para la sociedad?
El trabajo decente es crucial para la sociedad porque es un motor de desarrollo económico sostenible e inclusivo. Al garantizar salarios justos y protección social, contribuye a reducir la pobreza y la desigualdad. Mejora la salud pública al dar acceso a servicios médicos y asegurar entornos de trabajo seguros. Fortalece la cohesión social al promover la equidad y el respeto a la dignidad humana. Además, un mercado laboral basado en el trabajo decente es más productivo y estable, beneficiando tanto a trabajadores como a empleadores y al Estado en su conjunto.
¿Qué papel juega la informalidad en el trabajo decente en México?
La alta tasa de informalidad es uno de los principales obstáculos para el trabajo decente en México. Los empleos informales, por definición, suelen carecer de los elementos esenciales del trabajo decente: no ofrecen acceso a la seguridad social, a menudo pagan salarios bajos, no garantizan condiciones de seguridad, no proporcionan capacitación formal y los trabajadores suelen tener derechos laborales limitados o inexistentes. Reducir la informalidad y transitar hacia la formalidad es fundamental para ampliar el acceso al trabajo decente.
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