¿Cuántos días debo faltar a mi trabajo para que me despidan?

Claves para conseguir que te despidan

25/11/2016

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Tras explorar las dinámicas sociales en la oficina y cómo, quizás sin querer, podemos generar cierta antipatía entre nuestros colegas, hoy damos un paso más allá. Nos adentramos en un terreno más arriesgado: las acciones y actitudes que, puestas en práctica, pueden poner en riesgo nuestra estabilidad laboral y, de hecho, ser un camino directo para que la empresa prescinda de nuestros servicios. No se trata de un manual de auto-sabotaje, sino de una mirada, quizás con un punto de humor negro, a esos comportamientos que los empleadores simplemente no toleran.

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La figura del jefe, a menudo percibida como un obstáculo o un ser de otra galaxia, tiene sus propias presiones y objetivos. Su misión principal es que el equipo funcione, que se cumplan los resultados y que no surjan problemas inesperados. Aunque a veces sus decisiones parezcan arbitrarias, generalmente responden a una lógica orientada a la productividad y la estabilidad de la empresa. Entender qué les molesta profundamente es clave si, por alguna extraña razón, nuestro objetivo es precisamente ser el empleado que no quieren tener en nómina.

¿Qué tengo que hacer para despedirme de mi trabajo?
¿QUIERES DEJAR TU TRABAJO Y NO SABES CÓMO?Informa a tu supervisor antes que cualquier otra persona de la empresa. ...Notifica con antelación tu renuncia laboral. ...Presentar una carta de renuncia. ...Ofrece a tu jefe/empleador un plan de transición. ...No renuncies a tu trabajo cerrándote puertas. ...Artículos relacionados.

A continuación, desglosamos una serie de errores comunes, pero altamente efectivos, si lo que buscas es que tu nombre aparezca en la próxima lista de bajas de personal. Son atajos que, si bien garantizan una rápida salida, dejan una marca en tu historial profesional que conviene considerar.

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Promesas Incumplidas a Clientes: Jugando con Fuego

Uno de los caminos más rápidos para generar un problema mayúsculo es prometer a los clientes cosas que no solo no puedes cumplir, sino que ni siquiera tienes la autoridad para ofrecer. Imagina al vendedor que, desesperado por cerrar una operación, ofrece descuentos estratosféricos sin consultar, promete fechas de entrega imposibles o regala servicios adicionales que la empresa no contempla ni de lejos. Este tipo de acciones no solo genera la ira del cliente defraudado, quien probablemente expresará su descontento de forma ruidosa y perjudicial para la imagen de la compañía, sino que también crea un caos interno.

Tus compañeros y tu jefe se verán obligados a lidiar con las consecuencias, tratando de apagar el fuego y gestionar la frustración del cliente. La excusa de “fue un error de comunicación” o “el empleado X no entendió bien” rara vez es suficiente. La empresa, en su conjunto, queda mal parada. La confianza del cliente, tan difícil de ganar, se pierde en un instante. Para la dirección, un empleado que pone en riesgo las relaciones comerciales y la reputación de la empresa es una responsabilidad demasiado grande.

Cuestionar la Autoridad: Un Deporte de Riesgo Extremo

En el mundo corporativo, la jerarquía existe por una razón: la toma de decisiones y la dirección del equipo. Cuestionar abiertamente o, peor aún, por la espalda, las decisiones de tu superior es una falta de respeto que pocos jefes toleran a largo plazo. El escenario clásico es recibir una instrucción e, inmediatamente después de que el jefe se da la vuelta, empezar a criticar la orden, dudar de la capacidad del jefe o, lo más peligroso, decidir que la harás “a tu manera” porque crees saber más.

Los jefes esperan que sus instrucciones sean seguidas con diligencia y precisión. No esperan un debate constante sobre cada tarea asignada. Si bien un empleado proactivo que aporta ideas constructivas es valorado, aquel que sistemáticamente socava la autoridad o ignora directrices es visto como un problema de disciplina y un potencial foco de conflicto dentro del equipo. Recuerda, aunque no estés de acuerdo, la estructura de mando implica que, en última instancia, la decisión final recae en tu superior. Demostrar una falta de respeto por esa estructura es un camino seguro hacia la puerta de salida.

Actitudes de Superioridad: El Orgullo Precede a la Caída

Nadie disfruta trabajando con alguien que se cree superior al resto, y esto incluye a los jefes. Adoptar una postura de “perdonavidas”, corregir constantemente a tu superior (especialmente en público), intentar llevar siempre la voz cantante en las reuniones o insinuar que sabes más que quienes están por encima de ti en el organigrama son actitudes que generan rechazo. Aunque objetivamente tengas más conocimientos o experiencia en un área específica, la forma en que manejas esa situación es crucial.

El jefe, por su posición, necesita mantener su autoridad y liderazgo. Un empleado que constantemente desafía o menosprecia esa autoridad, incluso de forma sutil, es percibido como una amenaza o, al menos, como alguien difícil de manejar. La humildad y la capacidad de trabajar en equipo, reconociendo las diferentes funciones y responsabilidades, son cualidades mucho más valoradas que una inteligencia o habilidad que viene acompañada de arrogancia. Si te crees demasiado bueno para tu puesto actual y lo haces notar de forma ostentosa, es probable que te ayuden a buscar uno “más adecuado” fuera de la empresa.

Considerar el Trabajo como un Trampolín Temporal y Divulgarlo

Si tu plan es usar tu puesto actual como un simple escalón para saltar a una oportunidad mejor en cuanto aparezca, estás en tu derecho. Sin embargo, hacer pública esta intención, comentándolo abiertamente con compañeros o incluso dejando caer indirectas a tu jefe, es una estrategia infalible para que te muestren la puerta antes de lo que esperas. Desde la perspectiva de la empresa, invertir tiempo y recursos en formar y desarrollar a un empleado que claramente no tiene intención de quedarse a largo plazo es un desperdicio.

Además, tu falta de compromiso percibida puede afectar tu motivación y productividad diaria, así como el ánimo del equipo. ¿Por qué asignar proyectos importantes o responsabilidades clave a alguien que está activamente buscando otro empleo? Si tu jefe sospecha que estás a punto de abandonar el barco, podría decidir que es mejor anticiparse y empezar a buscar tu reemplazo de inmediato. La discreción sobre tus planes de carrera es fundamental si quieres controlar los tiempos de tu salida.

El Pequeño Ladrón de Oficina: Sustraer Material

Puede parecer una nimiedad llevarse a casa un bolígrafo, un paquete de folios o incluso algo tan básico como rollos de papel higiénico (sí, ocurre). Sin embargo, la sustracción de material de oficina, sin importar su valor aparente, es considerada un robo. Las empresas llevan un control de sus activos, y la desaparición constante de suministros, aunque sea a pequeña escala, se nota. Más allá del costo económico, que se va sumando, lo más grave es la ruptura de la honestidad y la confianza.

Ser descubierto tomando material de la empresa para uso personal es una falta grave que justifica un despido. Demuestra una falta de ética y respeto por la propiedad ajena. La empresa no solo pierde el material, sino que pierde la confianza en la integridad del empleado. Los “duendes” de la oficina no existen; detrás de cada desaparición hay alguien. Y cuando se descubre quién es, las consecuencias suelen ser definitivas.

Falsificar Resultados o Exagerar Logros

Vivimos en una cultura orientada a los resultados, y la presión por alcanzarlos puede ser alta. Sin embargo, ceder a la tentación de maquillar cifras, inventar logros o exagerar tu contribución a un proyecto es un error garrafal con repercusiones muy serias. Los datos y los resultados suelen ser verificables, y los jefes y compañeros con experiencia en el sector suelen tener buen ojo para detectar incoherencias o inflaciones.

Ser descubierto mintiendo sobre tus resultados es, quizás, una de las violaciones más graves de la confianza profesional. No solo pones en duda tu credibilidad, sino que también puedes afectar las decisiones estratégicas de la empresa si estas se basan en información falsa proporcionada por ti. La honestidad en la presentación de resultados, sean buenos o malos, es un pilar fundamental de cualquier relación laboral. Un empleado que miente sobre su desempeño tiene los días contados.

Negligencia y Baja Productividad: Simplemente No Trabajar

Puede sonar obvio, pero una de las formas más directas de ser despedido es, simplemente, no hacer tu trabajo. La pereza, la procrastinación crónica, la falta de iniciativa y el incumplimiento constante de tareas y plazos son comportamientos que rápidamente llaman la atención. Las empresas pagan por el tiempo y el esfuerzo de sus empleados para que generen valor. Si no estás aportando ese valor, tu puesto se vuelve prescindible.

Inventar excusas constantes para justificar la falta de trabajo (el ordenador falló, el internet no funcionaba, el cliente no respondió, etc.) solo añade una capa de deshonestidad a la negligencia. Un jefe espera que resuelvas problemas y cumplas con tus responsabilidades, no que encuentres justificaciones para no hacerlo. La falta de productividad sostenida es un motivo de despido objetivo en la mayoría de los contratos laborales.

Absentismo Crónico: Llegadas Tarde y Ausencias Injustificadas

La puntualidad y la asistencia regular son requisitos básicos en casi cualquier empleo. Llegar tarde habitualmente, salir demasiado pronto, tomarse descansos excesivamente largos o faltar al trabajo con excusas poco creíbles (la famosa “tía abuela enferma” que fallece varias veces al año) son formas de absentismo que las empresas controlan de cerca. El absentismo no solo reduce tu tiempo efectivo de trabajo, sino que también puede sobrecargar a tus compañeros y afectar la planificación y la operatividad del equipo.

Los jefes, en su mayoría, han sido empleados antes y conocen las excusas más comunes. Las empresas tienen políticas claras sobre asistencia y puntualidad, y el incumplimiento reiterado es un motivo justificado de sanción, que puede escalar rápidamente hasta el despido. A menos que tengas una razón médica o personal justificada y debidamente comunicada y documentada, la falta de compromiso con tu horario laboral es una bandera roja para cualquier empleador.

Generar Mal Ambiente: Criticar a Compañeros

Aunque a algunos jefes les guste que les hagan la pelota, pocos toleran a los empleados que se dedican a criticar constantemente a sus compañeros. Este tipo de comportamiento genera un ambiente de trabajo tóxico, erosiona la confianza entre los miembros del equipo y dificulta la colaboración. Un empleado que siembra discordia y fomenta el chisme es perjudicial para la moral y la cohesión del grupo.

Además, quien critica a los compañeros a menudo extiende esa actitud a los superiores en cuanto tiene ocasión. Los jefes son conscientes de que un empleado que habla mal de otros probablemente también hablará mal de ellos. Crear un mal ambiente es contraproducente para la productividad general del equipo y es una razón común para que una empresa decida prescindir de un empleado, incluso si su desempeño individual es aceptable.

Descuidar la Higiene Personal y la Vestimenta

Aunque puede parecer superficial, la imagen personal sigue siendo importante en el entorno laboral, especialmente en roles que implican interacción con clientes, proveedores o el público en general. Descuidar la higiene personal o no adherirse a un código de vestimenta (si lo hay, o simplemente vestir de forma inapropiada para el entorno) puede ser motivo de conflicto.

Si bien la discriminación por apariencia es un tema delicado, muchas empresas tienen expectativas sobre la presentación de sus empleados para mantener una imagen profesional coherente. Un aspecto desaliñado o una falta de higiene pueden generar incomodidad entre compañeros y clientes, y ser percibido como una falta de profesionalismo o respeto por el entorno de trabajo. Aunque parezca injusto, en algunos casos, puede ser un factor que contribuya a una decisión de despido, especialmente si se han recibido quejas o si el rol requiere una imagen pública cuidada.

En Resumen: Lo Que los Jefes No Quieren

En definitiva, la mayoría de los jefes buscan empleados que sean confiables, responsables, puntuales, honestos, productivos y que contribuyan positivamente al ambiente de trabajo. Las acciones descritas anteriormente van precisamente en contra de estas expectativas básicas. Si tu objetivo es ser despedido, concentrarte en ser deshonesto, improductivo, irrespetuoso con la autoridad y tus compañeros, y poco fiable en tu asistencia y resultados, te pondrá rápidamente en el radar de la dirección.

Tabla Comparativa: El Empleado Ideal vs. El Candidato al Despido

CaracterísticaEmpleado IdealCandidato al Despido
Resultados y PromesasCumple lo prometido, gestiona expectativasPromete sin autorización, defrauda clientes
Relación con el JefeRespeta la autoridad, sigue instruccionesCuestiona, critica, actúa con superioridad
CompromisoEstá comprometido, busca crecer en la empresaVe el puesto como temporal, lo divulga
IntegridadEs honesto, respeta la propiedad de la empresaRoba material, miente sobre resultados
ProductividadEs diligente, cumple tareas y plazosEs perezoso, no trabaja, pone excusas
AsistenciaEs puntual, asiste regularmenteLlega tarde, falta a menudo sin justificación
Ambiente LaboralColabora, es respetuoso con compañerosCritica, genera conflicto, mal ambiente
Imagen ProfesionalCuida su higiene y vestimenta (si aplica)Descuida su aspecto, causa incomodidad

Preguntas Frecuentes sobre el Despido por Comportamiento

  • ¿Pueden despedirme por llegar tarde? Sí, el absentismo y la falta de puntualidad reiterada son motivos justificados para un despido disciplinario según la mayoría de las legislaciones laborales, siempre que se sigan los procedimientos adecuados.
  • ¿Es legal que me despidan por no llevarme bien con mi jefe? Directamente no, pero las actitudes de insubordinación, falta de respeto o cuestionamiento constante de su autoridad sí pueden ser consideradas faltas graves que justifiquen un despido.
  • ¿Qué pasa si me pillan cogiendo un bolígrafo de la oficina? Técnicamente, es robo. Aunque parezca menor, la empresa puede considerarlo una falta muy grave que rompe la confianza y justificar un despido disciplinario.
  • Si mi trabajo es malo pero no incumplo ninguna norma, ¿pueden despedirme? Sí, la baja productividad constante y demostrable o el incumplimiento de objetivos (si están bien definidos y son alcanzables) pueden ser motivos de despido objetivo o disciplinario, dependiendo de la legislación y el contrato.
  • ¿Me pueden despedir por mi forma de vestir o mi higiene? Si tu apariencia incumple un código de vestimenta establecido por la empresa o tu falta de higiene afecta el entorno laboral o las relaciones con clientes (si tu puesto lo requiere), podría ser un factor que lleve a un despido, aunque a menudo se requiere una advertencia previa.

Como puedes ver, hay múltiples caminos si tu meta es ser un ex-empleado. Sin embargo, es crucial recordar que estas acciones no solo resultan en la pérdida del empleo actual, sino que también pueden dañar tu reputación profesional y dificultar la búsqueda de futuras oportunidades. La mayoría de las veces, es mucho más beneficioso invertir la energía en ser un empleado valioso y construir una carrera sólida. Pero si, por alguna razón, el despido es tu objetivo, ahora conoces algunas de las rutas más transitadas.

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