02/07/2007
El concepto de economía informal ha sido un pilar en las ciencias sociales durante décadas, buscando agrupar actividades económicas a menudo asociadas con baja productividad y pobreza. Inicialmente, esta categorización, impulsada por entidades como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estuvo fuertemente ligada a la búsqueda de soluciones de política pública para mejorar las condiciones de vida en sectores marginales de la economía. Se veía como el resultado de un excedente de mano de obra, donde la informalidad era sinónimo de subsistencia y exclusión social.

Sin embargo, el mundo laboral ha evolucionado, volviéndose más complejo. Visiones más recientes, como la de Alejandro Portes, han desafiado la asociación directa entre informalidad y pobreza. Portes sugiere que la informalidad es un fenómeno asociado al capitalismo tardío, a la flexibilización laboral y a la falta de regulación estatal. Para él, las actividades informales son aquellas redituables que no están reguladas por el Estado en entornos donde sí lo están actividades similares. Esta perspectiva amplía el concepto más allá de los sectores urbanos o de subsistencia, reconociéndolo incluso en países desarrollados.
- Definiciones y Debates
- La Realidad Más Allá de la Definición
- Experiencias en la Feria Libre
- Ser "Independiente": Entre la Flexibilidad y la Precariedad
- Emprender para Subsistir
- La Calle y la Lucha por la Legitimidad
- Trabajadores "Dependientes Independientes"
- Conclusiones y Reflexiones
- Preguntas Frecuentes sobre el Trabajo Informal
Definiciones y Debates
A pesar de estos enfoques, la definición de quién es un trabajador informal sigue siendo un punto de debate entre los científicos sociales. La propuesta de Portes, centrada en la regulación estatal, se enfrenta a la realidad de regulaciones diversas y graduales, lo que lleva a la existencia de trabajadores semiinformales o semiformales. Carlos Salas critica este concepto por sus criterios múltiples, la imposibilidad de separar claramente los sectores formal e informal, y la imprecisión del universo de referencia (establecimiento, hogar, individuo).
Más allá de las dificultades teóricas, surge una pregunta crucial: ¿Cuáles son las consecuencias del uso de este concepto en la sociedad? Siguiendo a sociólogos que ven la investigación social como productiva, es decir, que ayuda a construir la realidad, se podría argumentar que las ciencias sociales han contribuido a crear la realidad del trabajo informal. Esto no significa que las actividades no existieran antes, sino que no existían categorizadas de esa manera. Al definir una actividad como informal por su falta de regulación, se delinean mundos sociales y se generan distinciones que tienen efectos concretos.
La Realidad Más Allá de la Definición
La etnografía, al centrarse en las experiencias cotidianas de los trabajadores, ofrece una visión más matizada. Permite adentrarse en la complejidad del mundo laboral asociado a la informalidad, revelando la heterogeneidad de situaciones que no encajan fácilmente en las categorías estadísticas o teóricas. Observar en detalle, en la escala pequeña, ilumina la escena mayor y muestra cómo el concepto de informalidad, una vez hecho público y parte del discurso institucional, impacta la vida de las personas y sus interacciones.
Experiencias en la Feria Libre
Las ferias libres son un ejemplo clásico asociado al trabajo informal. El caso de Aída, una joven que ayuda a su madre y aspira a tener su propio puesto, ilustra la búsqueda de una 'patente' (permiso municipal) como un camino hacia la formalización y la seguridad. Aída, trabajando como 'colera' (sin puesto fijo ni permiso), se siente "fuera de la regla", experimentando incertidumbre a pesar de no ser perseguida por los inspectores que la conocen. Su energía emprendedora se ve limitada por la falta de permiso, que ella percibe como una llave para acceder a capital e iniciar formalmente su negocio.
En contraste, otros feriantes con patente, incluso sin pagar IVA como deberían, no se sienten informales. Para ellos, la formalidad radica en tener el permiso municipal y estar al día con su pago. Algunos de estos feriantes son económicamente exitosos, ganando ingresos significativos, ahorrando para la jubilación en una AFP y pagando seguro de salud. Para ellos, la informalidad no es un tema. La patente, aunque no siempre garantice el éxito económico (que depende más de la ubicación, productos, estilo de venta y frecuencia), sí les otorga un marco de orden y seguridad percibida. La desventaja que perciben es la mala fama asociada a los feriantes y los robos.
La historia de Aída, que tras quedarse sin capital y tener problemas familiares termina empleándose en un puesto con patente, sugiere que la necesidad de formalizarse no siempre existe para quienes apenas subsisten. Sus necesidades son inmediatas. Sin embargo, esta informalidad aumenta su desprotección en la vejez o ante problemas de salud, pues los beneficios sociales a menudo están ligados a la actividad económica formal. La realidad de la informalidad, en este sentido, puede volverse tautológica, contribuyendo a la pobreza y exclusión que supuestamente describe.
Ser "Independiente": Entre la Flexibilidad y la Precariedad
El concepto de 'independencia' es valorado por muchos trabajadores, asociado a libertad y flexibilidad. Sin embargo, el concepto de trabajo informal no siempre recoge estos beneficios. Existen muchos trabajadores informales, y por ende independientes, con ingresos superiores a la subsistencia, altamente productivos y no pobres. El caso de Berta y su hijo Humberto ilustra esta complejidad.
Berta, partiendo nueces en su casa y coordinando a otros, ha construido una microempresa exitosa. Gana un ingreso considerable, ha mejorado su hogar y adquirido bienes. A pesar de declarar sus ingresos ante el SII (aunque de forma irregular para minimizar impuestos) y pagar un impuesto retenido que recupera anualmente (percibido como ahorro obligatorio), no paga AFP ni Fonasa. Se atiende en el sistema público y no ahorra para la jubilación, calculando que recibirá la pensión solidaria del gobierno. Para ella, la protección social formal no es una prioridad frente a la gestión del día a día y la acumulación de bienes.
Su hijo Humberto, aunque admira a su madre, valora la formalidad. Trabaja contratado en una empresa, lo que le asegura ahorro previsional y salud. Paralelamente, tiene un exitoso negocio de fabricación de volantines, el cual opera con aspectos informales (trabajadores a trato sin contrato, manejo tributario). Desea formalizar su negocio (iniciar actividades ante el SII para dar recibos a empresas) para crecer, pero se enfrenta a la paradoja de que los fondos de apoyo a microempresarios están destinados a personas en situación de pobreza, criterio que él no cumple a pesar de necesitar capital. Su semiinformalidad, centrada en la situación tributaria y la de sus trabajadores, no le afecta directamente en su protección social (que obtiene de su empleo formal), pero limita el potencial de crecimiento de su emprendimiento.
Emprender para Subsistir
Volviendo al estereotipo clásico del trabajador informal de subsistencia, las historias de Moisés, Luzmila y Jorge muestran que la precaridad no siempre se debe a la baja productividad, sino a limitaciones externas impuestas por sistemas como el de salud o el bancario.
Moisés, fotógrafo independiente, tras un accidente que lo dejó inválido, vio sus ingresos reducirse drásticamente. A pesar de su situación de pobreza y los problemas para acceder a atención médica oportuna en el sistema público, él no atribuye su precaridad a su 'informalidad' (que él ve como independencia), sino a las desigualdades del sistema económico en general. Su historial de trabajo previo le otorga bienes (casa propia), lo que irónicamente lo hace inelegible para subsidios, a pesar de no tener dinero para el día a día. Su situación económica depende de la ayuda de su hijo.
Luzmila, dedicada a la confección de ropa, logró acceder a un fondo Fosis para comprar maquinaria. Aunque no paga IVA, no se siente ilegal; los ilegales, para ella, son quienes trafican droga. Su principal problema es la salud (cáncer) y la mala atención pública, que compara desfavorablemente con la privada. A pesar de su situación económica inestable (agravada por la cesantía familiar), prefiere ahorrar para invertir en su casa o ayudar a sus nietas antes que en previsión o salud privada, confiando en su jubilación futura por años trabajados formalmente.
Jorge, un mecánico exitoso que trabaja sin permiso municipal, optó por dar recibos por honorarios para demostrar ingresos y acceder a crédito bancario. Esto implicaba la retención del 10% de su ingreso, lo que afectaba su flujo de caja. Dejó de dar recibos una vez obtenido el crédito para su casa. La cesantía de su mujer, Nancy, y las deudas adquiridas por ella (créditos de consumo, tarjetas de multitiendas) han sumido a la familia en una situación económica muy ajustada, a pesar de los buenos ingresos de Jorge. Su precariedad actual está más ligada a la gestión de deudas y la situación familiar que a su informalidad laboral per se.
La Calle y la Lucha por la Legitimidad
Los comerciantes ambulantes son quizás el grupo más asociado al trabajo informal y, a menudo, a la ilegalidad. Experimentan fuertemente el estigma y la persecución, incluso si venden productos lícitos. La distinción, según Portes y Haller, es entre la actividad ilegal (productos ilícitos) y la informalidad (productos lícitos pero modo de producción/intercambio al margen de la ley).
Milton, artesano que vende en la calle, lucha por la legitimidad de su oficio frente a la persecución policial, que a menudo ocurre fuera de la norma (arrestos por obstaculizar la vía pública). Se siente estigmatizado y robado por la autoridad. Su anhelo es conseguir un permiso para vender en la vía pública, no necesariamente una formalización completa. Critica la contradicción de programas gubernamentales que enseñan artesanía sin ofrecer espacios de comercialización. A pesar de las dificultades, valora la independencia y flexibilidad, y sus ingresos pueden ser significativos.
En contraste, los comerciantes que venden en los buses del Transantiago han logrado un grado de organización a través de un sindicato (Sintraloc) que les ha permitido negociar una ley para vender en la locomoción colectiva. Aunque aún no están completamente formalizados (no pagan impuestos correspondientes), la organización, el uso de credenciales y uniformes les ha otorgado mayor legitimidad ante pasajeros y autoridades, reduciendo el estigma. Su caso muestra que la organización puede ser un camino hacia el reconocimiento y la negociación de condiciones, incluso si la formalización completa (pago de impuestos, previsión) aún está en proceso de negociación.
Trabajadores "Dependientes Independientes"
Existe un grupo de trabajadores que, aunque emiten recibos por honorarios y se autocalifican como independientes, operan en la práctica bajo una relación de dependencia con un empleador. Carecen de protección social y laboral, pero están sujetos a horarios, normas y supervisión.
Vanessa, manicurista en una cadena, trabaja a comisión, sin contrato. Debe cumplir horarios flexibles impuestos por la empresa, usar uniforme y seguir protocolos estrictos. No tiene ingresos fijos y no recibe pago por días de enfermedad, aunque deba presentar certificado médico. A pesar de la precariedad, valora el trabajo por ser "de señorita" y lo prefiere a otras opciones. Su juventud y dependencia del sistema de salud de su madre mitigan temporalmente la falta de protección propia.
Inge, depiladora en un centro comercial, también trabaja sin contrato, debiendo proveer sus propios materiales. A diferencia de Vanessa, como madre soltera con responsabilidades, valora la necesidad de cotizar en AFP y salud por su cuenta. Su objetivo es tener clientes propios para asegurar un ingreso mínimo, ya que el pago por servicio es variable. Ha trabajado años en el mismo lugar, pasando de un contrato parcial a esta modalidad, evidenciando la flexibilidad y precariedad creciente en el sector.
Trabajadores a domicilio, como Teresa que confecciona banderas, también entran en esta categoría. Valora la flexibilidad para conciliar trabajo y familia, pero carece de poder de negociación en precios y protección ante despido. Adriana, que clasifica rodamientos en su casa para una empresa, trabaja a trato, sin horarios fijos ni contacto directo con la empresa más allá de la entrega del material. Su desconexión y falta de canales de comunicación formales la dejan en una situación de gran desprotección.
La heterogeneidad de estos trabajadores y la opacidad de sus situaciones ante las estadísticas dificultan su organización. La precariedad que enfrentan no siempre se manifiesta en bajos ingresos, sino en la falta de protección social, la incertidumbre y la dependencia encubierta.
Conclusiones y Reflexiones
La investigación muestra que la realidad del trabajo informal, tal como ha sido conceptualizada tradicionalmente por las ciencias sociales, es mucho más compleja y diversa en la práctica. La etiqueta de informalidad, asociada a la falta de regulación y protección social, aunque útil para ciertos análisis y políticas, no abarca la riqueza de experiencias y situaciones de los trabajadores.
Existe una preocupación latente por el futuro y la jubilación, que los trabajadores enfrentan de diversas maneras, no siempre a través de la formalización tradicional. Algunos acumulan bienes, otros confían en la pensión solidaria, y algunos logran ahorrar por su cuenta. La asociación de beneficios sociales con la formalidad limita el acceso a protección social para muchos, incluso aquellos con ingresos decentes.
El estereotipo del trabajador informal pobre y de baja productividad no se sostiene al observar los casos individuales. La precaridad que muchos experimentan está ligada a múltiples factores: estructura familiar, salud, deudas, acceso al crédito, estigma y la falta de espacios de comercialización o negociación.
La etiqueta de informal, a menudo confundida con ilegal, estigmatiza a los trabajadores, exponiéndolos a tratos indebidos y afectando su autoimagen, especialmente en el caso de los comerciantes ambulantes. Sin embargo, dentro de este grupo hay gran diversidad, incluyendo actividades innovadoras y productivas que el mercado formal no acoge.
El contexto actual, marcado por el neoliberalismo y la flexibilización laboral, ha desdibujado la relación entre formalidad y bienestar. Los empleos formales ya no garantizan seguridad, y los sistemas de protección social dependen cada vez más del ahorro individual o el pago de planes privados. Es crucial diferenciar entre políticas que fomentan el emprendimiento con apoyo real y aquellas que promueven la 'independencia' como excusa para reducir la responsabilidad estatal y aumentar la flexibilidad laboral sin protección.
Dada esta heterogeneidad, se necesitan nuevos métodos de investigación que capturen la complejidad y los matices del trabajo actual. La dicotomía formal/informal es insuficiente. Entender el trabajo desde la perspectiva de los actores y sus prácticas, reconociendo las múltiples escalas y combinaciones entre lo formal y lo informal, es fundamental para desarrollar políticas públicas que promuevan la integración y las oportunidades en el mundo laboral.
Preguntas Frecuentes sobre el Trabajo Informal
¿El trabajo informal siempre significa pobreza?
No necesariamente. Como muestran los casos, hay trabajadores informales con ingresos significativos y un nivel de vida cómodo, aunque su situación pueda implicar otras formas de precariedad.
¿Los trabajadores informales no pagan impuestos?
La situación tributaria varía. Algunos, como los feriantes con patente, deberían pagar ciertos impuestos pero no son fiscalizados. Otros, como Berta o Jorge (cuando daba recibos), interactúan con el sistema tributario de formas diversas. Los ambulantes a menudo no pagan, pero su deseo de formalizarse (obtener permisos) implica la disposición a cumplir con ciertas obligaciones.
¿Por qué es difícil para los trabajadores informales acceder a beneficios sociales como salud o jubilación?
En muchos sistemas, el acceso a estos beneficios está ligado a tener un contrato formal y cotizar regularmente. Aunque algunos trabajadores informales cotizan por su cuenta, para muchos, especialmente los de menores ingresos, los gastos inmediatos impiden ahorrar para el futuro o pagar por servicios de salud adecuados.
¿Ser trabajador informal es lo mismo que ser ilegal?
No. El texto distingue entre actividad informal (productos lícitos operando al margen de la regulación) e ilegal (productos ilícitos). Sin embargo, en la práctica, la falta de permisos o regulación puede llevar a que los trabajadores informales sean tratados como ilegales por las autoridades, generando estigma y persecución.
¿La formalización es siempre la solución para los trabajadores informales?
La formalización puede ofrecer acceso a protección social y crédito. Sin embargo, para algunos (como Humberto), los requisitos de los programas de apoyo no se ajustan a su realidad. Para otros (como los feriantes exitosos), la formalidad radica en el permiso municipal más que en la tributación completa. La decisión de formalizarse depende de muchos factores y no siempre es percibida como la solución ideal o accesible.
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